El sheriff Will Kane está a punto de la retirada (y también a punto de casarse, que muchos malintencionados dirían que es otra retirada) y se dispone a afrontar un día especial. Sería una jornada como otra cualquiera pero esta vez espera nervioso la llegada del tren del mediodía. En él llega un malo malote al que envió a la cárcel y que juró volver para matarlo.

Apenas queda una hora y veinte minutos y mil ideas se le pasan por la cabeza mientras recorre el pueblo en busca de ayuda, descubriendo cobardía e hipocresía por doquier.

Las manecillas del reloj no se detienen y Will Kane tiene que tomar una decisión en la que se mezclan el amor, el deber y todas las miserias humanas posibles.

Un western sobrio protagonizado por el no menos sobrio Gary Cooper. Aquí está colosal. El director, Fred Zinnemann, utiliza un recurso sencillo pero eficaz: rueda en tiempo real. El espectador vive la angustiosa contrarreloj de poco más de 80 minutos que son los que justamente dura esta película imprescindible.

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