Chen Kaige dirigió en 1987 El rey de los niños película ambientada en la Revolución Cultural china. Un profesor escasamente preparado es destinado a una alejada y miserable aldea rural donde le tocará lidiar con un grupo de alumnos desmotivados y en la que contará con unos escasísimos recursos.

¿Cómo suplir tu casi nula formación en un entorno sin esperanza? Con tanta animosidad (casi heroicidad) como innovación(más intuitiva que aprendida), rompiendo los moldes de la educación tradicional y ayudando a construir visiones personales únicas en cada uno de los alumnos de ese aislado lugar. En medio del ingente trabajo, aparece un alumno brillante decidido a asumir un proyecto que ayudará a perpetuar el conocimiento en la aldea…Una dupla maestro-discípulo, al estilo oriental, dispuesta a generar esperanza en un lugar donde nadie se atreve ni siquiera a pensar en ella.

El inesperado final (que obviamente no vamos a contar) es la guinda de una película inmensamente poética, llena de silencios y de imágenes profundas, que creo que no deja indiferente a nadie que la vea. A menos, claro, que se le escurriera la sensibilidad por el lavabo después de lavarse la cara.

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