Dos películas basadas en los mismos hechos reales, la motivación de una pareja de ricos estudiantes que asesinó en 1924 a un niño de 14 años con la única y miserable intención de cometer el crimen perfecto. Leopold and Loeb, así se conoció a estos dos en EE.UU, como si fueran dos criminales de historial sangriento que siempre escaparan de la policía. Por suerte uno de ellos olvidó las gafas en el lugar del crimen y sólo hubo que tirar del hilo.

Las ideas del superhombre de Nietzsche estaban muy presentes en las cabezas de estos dos jóvenes superdotados de brillante y precoz historial académico. Se creían una clase de superhombre que podía cometer un crimen perfecto sin que nadie lo pillara. Durante meses planearon el secuestro y asesinato de un primo de Loeb, igualmente rico heredero de su mismo barrio de Chicago.

El cociente intelectual de 210 que lucía Leopold (para que luego digan que es una estupenda manera de medir la inteligencia…menos mal que Howard Gardner se ha cargado semejante estupidez que nos ha durado un siglo) no fue suficiente para abandonar en el lugar del crimen unas gafas con un mecanismo especial de las que sólo había tres pares en todo Chicago.

Condenados a cadena perpetua (que no pena de muerte gracias al alegato de su abogado, el agnóstico e irónico Clarence Darrow, defensor de las libertades civiles en un país donde ciertos derechos lo tenían difícil) que logró evitar que el peso de la decisión recayera en un jurado popular de clase media con ganas de venganza y ojo por ojo para que se trasladara a un juez de clase alta más proclive a la comprensión y clemencia para con personas de su mismo entorno.

Orson Welles interpretó magistralmente a Darrow en la película de 1959 Impulso criminal. El alegato final es una obra maestra de la comunicación. Por su parte, once años antes en La Soga y con una versión diferente muy del estilo de humor negro de su director,  la moral victoriana de Hitchcock restó importancia a la homosexualidad de la pareja protagonista (aunque queda implícita en la película) y a la del personaje de su mentor, interpretado por un muy clásico James Stewart que presionó lo indecible para que se despojara a su personaje del mayor número de rasgos homosexuales posible (aun así en España no pasó la censura y fue prohibida)

Os invito a averiguar los distintos destinos de Leopold y Loeb, que tuvieron finales bien diferentes y vidas intensas entre rejas (y fuera de ellas). Y, por supuesto, a ver estas dos estupendas películas, pequeñas masterpieces.

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